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Todos, adultos y jóvenes, que en sintonía con el camino de la «Infancia espiritual», habéis llegado al Santuario de Santa Teresita de Lleida, os vais a encontrar ante la Santa que desde la Vida continúa haciendo el bien sobre la tierra.

Seguramente habréis hojeado más de una vez sus «Manuscritos autobiográficos». Ellos han sido la mejor «Guía del peregrino» que os ha introducido en el testimonio humano y evangélico de esta joven de 24 años.

Aquí tenéis otra guía que pretende ayudaros en el conocimiento de este lugar teresiano de Lleida, todavía con muy poca historia a sus espaldas, exactamente 78 años, justamente desde el retorno de los carmelitas descalzos a la ciudad.

Desde aquí, Teresita fue dada a conocer a todo el Estado y a América latina con la divulgación de sus escritos y con la popular revista «Lluvia de Rosas».

La peregrinación es una manifestación cultual íntimamente conectada con la vida del santuario. Constituye una alta expresión de piedad por las motivaciones que hay en su origen, por la espiritualidad que la anima y por la oración que señala los momentos fundamentales: la salida, el «camino», la llegada.
Esperamos que todo cuanto visitéis y contempléis os acerque más a Dios: la iglesia, las vidrieras, el altar, la capilla del Santísimo, la imagen de la Virgen María, el camarín, la exposición biográfica, el montaje audiovisual, la tienda de recuerdos... 

Dejaos llevar más que por la curiosidad externa de las piedras del Santuario por la doctrina de la sencillez de Teresita que, sin duda, descubriréis en cada uno de los rincones del Santuario. Y dejad vuestra fe y vuestra confianza impregnadas en ellos.

Las huellas de santa Teresa del Niño Jesús

 Poco más de cien años después de su muerte, la figura y el mensaje de Teresa de Lisieux continúan fascinando al hombre que busca la fe en su pureza evangélica. Y Lleida, interior de Cataluña, de bajas nieblas y sol radiante, fronteriza con las tierras de Aragón e importante nudo de comunicación entre el norte y el centro de la península ibérica, se siente cautivada por esta joven carmelita de 24 años, pequeña y sencilla, pero de altas cotas de amor, capaz de dar sentido y trascender la realidad humana. 

Y el peregrino, atraído por el camino de la «infancia espiritual» que ella escribió con la vida y con la pluma, se acerca al Santuario para escuchar de sus labios que la única vocación que llena la existencia del hombre es el amor, que el gran acierto es entregarse en los brazos del Padre para que sea Él el ascensor que lo lleve al hogar divino:

«Estamos en un siglo de inventos. Ahora no hay que tomarse ya el trabajo de subir los peldaños de una escalera: en las casas de los ricos, un ascensor la suple ventajosamente. Yo quisiera también encontrar un ascensor para elevarme hasta Jesús, pues soy demasiado pequeña para subir la dura escalera de la perfección. 

Entonces busqué en los Libros Sagrados algún indicio del ascensor, objeto de mi deseo, y leí estas palabras salidas de la boca de Sabiduría eterna:

El que sea pequeñito, que venga a mí (Pr 9,4). Y entonces fui, adivinando que había encontrado lo que buscaba. Y queriendo saber, Dios mío, lo que harías con el pequeñito que responda a tu llamada, continué mi búsqueda, y he aquí lo que encontré: Como una madre acaricia a su hijo, así os consolaré yo; os llevaré en mis brazos y sobre mis rodillas os meceré (Is 66,13.12). Nunca palabras más tiernas ni más melodiosas alegraron mi alma. ¡El ascensor que ha de elevarme hasta el cielo son tus brazos, Jesús! Y para eso, no necesito crecer; al contrario, tengo que seguir siendo pequeña, tengo que empequeñecerme más.» (Ms C 2v-3r)

Como un peregrino más de la historia, te acercas a la Santa para dejarte empapar de su sencillo estilo de vida, hecho de confianza y de amor.

El Santuario

Desde el día 6 de enero de 1929, fecha de colocación de la primera piedra, el Santuario ha pasado por diferentes alternativas. Durante los años 80-90 se ha llevado a cabo la remodelación de los exteriores y del interior. Falta aún la última fase que se completará antes de Pascua de 2008.

Las obras para el acabado y ambientación del Santuario de Santa Teresita, en Lleida, se iniciaron el 1 de abril de 1987. Mediante fases sucesivas, se le ha ido dotando de una caracterización particular.

El campanario, símbolo de la presencia de una comunidad de fe en medio de la sociedad, está situado en la confluencia de todas las calles urbanas del enclave.

Es una de las obras más originales de todo el conjunto. Se eleva como un faro luminoso para guiar al peregrino hacia la intimidad con Dios siguiendo el camino de le pequeñez evangélica de santa Teresita. Tiene una altura de 33 metros. Más que una masa compacta, propia del pasado, es algo abierto, transparente, que permite ver el cielo a través de él. La cubierta que corona el campanario simboliza la ayuda, el cobijo, la protección.

Los elementos tradicionales utilizados (pilares, columnas, formas, etc.) y algunos de los materiales (hierro, cerchas metálicas de la cubierta del templo), como la obra vista, le confieren un carácter familiar.

Desde el acceso porticado y el claustro de la plaza, las escaleras bajan al amplio atrio, lugar para la información de las actividades del santuario y de la parroquia de Santa Teresita.

A la derecha, la capilla del «Santo Cristo», espacio para la oración personal o la celebración de la eucaristía. (Desaparecerá con la construcción de la nueva capilla, la sala de audiovisuales y el museo, ahora en proyecto).

A la izquierda, la escalera que da acceso a la portería del Santuario y al lugar de acogida de peregrinos. Aquí también se ubica la librería-tienda de recuerdos teresianos.

Al centro, las puertas nos dan paso a la iglesia del Santuario.

En el interior se ha buscado expresar aquellos valores más íntimos ligados al Santuario y a la fe que lo sustenta. Se ha procurado transformar lo que fue una cripta en una iglesia luminosa, un espacio que invite a la celebración, a la contemplación, al agradecimiento y a la alegría. Todo ello arropado en el calor de la comunidad reunida en torno al altar.

El presbiterio ocupa el centro del crucero para que la comunidad pueda rodearlo por todo su perímetro.
En el crucero se ha abierto una doble cúpula piramidal que deja pasar a raudales la luz natural que se proyecta directamente sobre el altar.

Las repisas laterales, las celosías de madera en los ventanales, realzando la parte central de las vidrieras, y la luz indirecta sobre dichas repisas, procuran una indefinición de los límites materiales del espacio que recuerdan al Espíritu de la Iglesia actuando dentro y más allá de ella.

Una vez dentro de la iglesia, la atención se centra en las vidrieras, el altar mayor y el camarín.

Las vidrieras

A ambos lados de la nave de la iglesia se encuentran las vidrieras, alegorías teresianas, que son obra del artista Pere Valldepérez.

A la derecha:

* Espíritu misionero, simbolizado por la paloma blanca, el Espíritu Santo. Su aliento se cierne sobre toda la tierra. Las llamas evocan la urgencia misionera de Teresita: «Quisiera salvar almas y olvidarme por ellas de mí misma; quisiera salvarlas aun después de mi muerte.» (Carta 221)

* En el corazón de la Iglesia yo seré el amor. «¡Oh, Jesús, amor mío! Finalmente he encontrado mi vocación: ¡mi vocación será el amor! Sí, he encontrado mi lugar en la Iglesia, y este lugar, oh Dios mío, has sido tú quien me lo ha dado. En el corazón de la Iglesia, mi madre, yo seré el amor. Así lo seré todo. Así se realizará mi sueño.» (Ms B 3r)

* La barca. «Teresita sí lo sabe. Está segura de que su Celina está en alta mar, de que la navecilla que la lleva boga a velas desplegadas hacia el puerto, de que, el timón, que Celina ni siquiera puede ver, no está sin piloto. Jesús està allí, dormido, como antaño en la barca.» (Carta 144)  

* El águila. «¡Oh, Verbo divino!, tú eres el Águila adorada que yo amo. Un día, vendrás a buscar a tu pajarillo; y, remontándote con él hasta el Foco del amor, lo sumergirás por toda la eternidad en el ardiente Abismo de ese amor al que él se ofreció como víctima.» (Ms B 5v)  

A la izquierda:

* Mi nombre. «Iba mirando las estrellas, que tilaban dulcemente, y esya visión me fascinaba. Había, sobre todo, un grupo de perlas de oro en las que me fijaba muy gozosa, pues me parecía que tenían forma de T (poco más o menos esta forma). Se lo enseñaba a papá, diciéndole que mi nombre estaba escrito en el cielo.» (Ms A 18r)  

* Escritora. «A pesar de mi pequeñez, quisiera iluminar a las almas como los profetas y como los doctores. Tengo vocación de apóstol.» (Ms B 3r)  

* Martirio. «¡El martirio! ¡El sueño de mi juventud! Un sueño que ha ido creciendo conmigo en los claustros del Carmelo. Pero siento que también este sueño mío es una locura, pues no puedo limitarme a desear una sola clase de martirio. Para quedar satisfecha, tendría que sufrirlos todos.» (Ms B 3r)

* Rosas.  La rosa es el símbolo del amor. «Yo nunca le he dado más que amor; por eso él me devuelve amor» (CA 22.7.1).  «Será como una lluvia de rosas.» (CA 9.6.3)  

Altar mayor

Ubicado exactamente en el centro de la cruz de la iglesia. La luz nueva de cada día que ofrece el mundo exterior, ilumina el altar, mesa siempre preparada. Es una invitación a hombres y mujeres, niños y jóvenes  —las piedras vivas de la Iglesia— al banquete de la eucaristía.

Un doble soporte de cristal, que simboliza el alfa y la omega (Cristo principio y fin), sostiene la mesa de madera, la nueva arca de Cristo eucaristía:

«Sigues viviendo en este valle de lágrimas, escondido bajo las apariencias de una blanca hostia. Águila eterna, tú quieres alimentarme con tu substancia divina, a mí, pobre e insignificante ser que volvería a la nada si tu mirada divina no me diese la vida a cada instante. Jesús, déjame que te diga, en el exceso de mi gratitud, déjame, sí, que te diga que tu amor llega hasta la locura.» (Ms B 5v)

Girando la vista a la izquierda, se encuentra la capilla del Santísimo. Un momento para la adoración y la oración personal como signo de profundo agradecimiento a Jesucristo, presente en el sagrario.

La vidriera de la izquierda representa el escudo del Carmen con el nombre de María: «Sabemos muy bien que la Santísima Virgen es la Reina del cielo y de la tierra, pero es más madre que reina.» (CA 21.8.3) 

A la derecha, la Eucaristía: «Él no baja del cielo un día y otro día para quedarse en un copón dorado, sino para encontrar otro cielo que le es infinitamente más querido que el primero: el cielo de nuestra alma, creada a su imagen y templo vivo de la adorable Trinidad.» (Ms A 48v)

A la otra parte del crucero, María del Carmen espera la veneración de todos sus hijos. Los dos iconos o murales, que la enmarcan, inspiran la oración del ángel Gabriel: «Dios te salve, María... bendita eres...», y la de María en casa de su prima Isabel: «Proclama mi alma la grandeza del Señor...»

Y a su lado, las vidrieras recuerdan la devoción de Teresita:

*  A santa Cecilia —el órgano— «Él seguirá tocando su pequeña lira. ¡Tocará durante toda la eternidad melodías nuevas que nadie excepto Celina podrá cantar!» (Carta 149)

* A la Virgen María: «Oh, Virgen Inmaculada, tú eres mi dulce estrella.» (Poesía 5,11)

El altar y el atril de la Palabra, apoyados sobre vidrio casi imperceptible, evocan los misterios de la fe y su capacidad de actuar por encima de causas o soportes materiales.  

El camarín

Antes de llegar al camarín, nos encontramos a ambos lados de la iglesia: la sacristía (parte izquierda) y el lugar de las ofrendas (parte derecha) con un acceso al Santuario a pie plano.

El camarín, el espacio más entrañable del Santuario. Es el lugar para estar con Teresa, para  encontrarse con Dios, ideal para el descanso y la oración. Un ambiente acogedor que invita a acercarse a Teresa y apropiarse de su estilo de vida. Una invitación no tanto a la admiración lejana sino a la imitación cordial. Un espacio, en definitiva, abierto a nuevas fronteras, a la naturaleza, a la vida, a la luz, a Dios.

El camarín de la Santa, resituado en el fondo de la nave, más allá del espacio para las celebraciones comunitarias, pero presente en él, es un espacio abierto a los fieles y visitantes. Paso obligado hacia el jardín natural (símbolo del paraíso).

Distintas plantas recuerdan y simbolizan preferencias de santa Teresita y dan la bienvenida al que se acerca en actitud de fe.

La disposición fugada de las paredes y del vidrio blanco traslúcido del fondo del jardín, nos anuncian el amor del Padre por encima de todo. Un amor que se hace presente y nos atrae hacia la luz final y profunda del ilimitado espacio central.

Luz emanada del Padre que se percibe en medio de plantas y flores, enmarcada por los familiares muros de obra vista. El ábside totalmente de cristal y abierto al exterior, proporciona una luminosidad especial.

El camarín fue inaugurado por el obispo de Lleida, Mons. Ramón Malla Call el día 1 de octubre de 1994, fiesta de santa Teresita.

La imagen de Santa Teresita

La imagen de Santa Teresita ocupa un lugar de privilegio en el Santuario. En medio del nuevo camarín, espacioso y luminoso, se encuentra la imagen tallada en madera policromada.  

La imagen es de una expresividad poco común. Alta y esbelta, desprende una aura de proximidad y de acogida entrañables. Exhala ternura y bondad. De sus manos caen las rosas como recuerdo de que Teresa, desde el cielo, continúa haciendo el bien sobre la tierra. Su mirada es uno de los elementos característicos de la escultura. Los ojos son de cristal. De ellos emana intensidad amorosa, cargada de cálida naturalidad. Dan vida y unidad estética a la talla. Ojos, labios, manos: expresión de la misericordia de Dios. 

La ligera inclinación de la cabeza hacia abajo aumenta la sensación de cercanía discreta y afectuosa.  

Las nubes que envuelven la tierra sobre la cual se yergue Teresa, simbolizan la constante presencia de Dios en el mundo a través de los santos.

Esta imagen, venerada en el Santuario, ha escuchado la oración de millares de peregrinos de todo el mundo, y continuará haciéndolo siempre que haya un corazón que desee participar de la pequeñez evangélica de quien deposita toda su confianza en la bondad del Padre misericordioso.

La talla es obra de Claudi Rius Garric, discípulo de Josep Llimona. Fue inaugurada en 1947 en ocasión del 50 aniversario de la muerte de Teresa. Desde entonces se venera en el Santuario.

Aprovechando el nuevo emplazamiento, tanto la talla como la policromía fueron restauradas en 1994. Las nubes de madera, cubiertas de rosas, fueron expresamente alargadas por los lados y por la parte inferior.  

El jardín  

Junto a la talla de Teresa, el jardín exterior merece una atención especial. Destaca en él la luz, obra primera de la creación: «Dijo Dios: Que exista la luz» (Gn 1,3). La luz posibilita que la tierra produzca todo tipo de vegetación. Evoca el jardín del Edén, el paraíso.

He aquí el simbolismo de los árboles del jardín:

§ El laurel, a la izquierda, recuerda la victoria de los santos. «Juana de Arco, cuya frente coronaba de lirio y de laurel» (Poesía 4,3,4). «Después él coronará su frente pura y cándida de lirio y de laurel.» (Recreaciones, 1,5r,16)

§ El olivo, por la abundancia de sus frutos, es signo de prosperidad y de paz. «Mas yo, como un olivo verde en la casa de Dios, confío en el amor de Dios por siempre jamás» (Salmo 52,10). «El verde ramaje del olivo ha aparecido ante tus ojos y te ha cubierto la sombra del pequeño Carmelo de Lisieux.» (Poesía 29,7)

§ Los cipreses se elevan mirando al cielo. Son símbolo de acogida, de reposo, de bienestar, de trascendencia. Remiten a Dios como plenitud. «Te traerán las riquezas del Líbano, cipreses, olmos y bojes» (Is 60,13). «Como ciprés que se eleva hasta las nubes.» (Si 50,10)

§ La hiedra, de hojas verdes y brillantes, trepa y se extiende por la pared. Simboliza la vida del cristiano que necesita de Alguien a su lado para escalar las cimas de la santidad.

§ Las rosas, símbolo del amor desinteresado e incondicional. La rosa en el pensamiento, en los labios y en el corazón de Teresa, «como una rosa deshojada a los pies de Jesús» (Poesía 34). «He crecido como plantel de rosas en Jericó.» (Si 24,14)  

El lugar de las ofrendas

El día 12 de mayo de 2001, coincidiendo con la fiesta de las rosas, la fiesta de santa Teresita en primavera, tuvo lugar la bendición e inauguración de la entrada al Santuario a pie llano por la calle Antoni Bergós, con la incorporación de la rampa y el espacio para las ofrendas.

Junto al lateral derecho del camarín de la Santa se ha habilitado un lugar espacioso para la colocación de las ofrendas, sobre todo velas, facilitando así una de las expresiones más extendidas de la devoción popular: poner una luz, una llama encendida, testimonio de la confianza y esperanza en la bondad y misericordia de Dios en medio de los avatares de la vida.

Es una obra acorde con el interior del Santuario, y de una manera especial con el nuevo camarín de Santa Teresita, respetando la línea de sobriedad y simplicidad tan propia de la espiritualidad de nuestra Santa.

El arquitecto que ha proyectado esta entrada lateral es el sr. Ramón María Reig, el mismo que a lo largo de los últimos años ha dirigido la remodelación definitiva del Santuario.

Saliendo hacia la calle Antoni Bergós y desde uno de los tramos de la rampa, se puede admirar la hoja de pared exterior con las tres cerámicas que recogen pensamientos de santa Teresita. Es otro rincón de oración y de encuentro con la Santa.  

Oremos con santa Teresita

 

Ofrenda del día

«Dios mío, te ofrezco todas las acciones que hoy realice por las intenciones del Sagrado Corazón y para su gloria. Quiero santificar los latidos de mi corazón, mis pensamientos y mis obras más sencillas uniéndolo todo a sus méritos infinitos, y reparar mis faltas arrojándolas al horno ardiente de su amor misericordioso.

Dios mío, te pido para mí y para todos mis seres queridos la gracia de cumplir con toda perfección tu voluntad y aceptar por tu amor las alegrías y los sufrimientos de esta vida pasajera, para que un día podamos reunirnos en el cielo por toda la eternidad. Amén.» (Oración 10)  

Reflexión

«Te aseguro que Dios es mucho mejor de lo que piensas. Él se conforma con una mirada, con un suspiro de amor... Y creo que la perfección es algo muy fácil de practicar, pues he comprendido que lo único que hay que hacer es ganar a Jesús por el corazón... Fíjate en un niñito que acaba de disgustar a su madre montando en cólera o desobedeciéndola: si se mete en un rincón con aire enfurruñado y grita por miedo a ser castigado, lo más seguro es que su mamá no le perdonará su falta; pero si va a tenderle sus bracitos sonriendo y diciéndole: "Dame un beso, no lo volveré a hacer", ¿no lo estrechará su madre tiernamente contra su corazón, y olvidará sus travesuras infantiles? Sin embargo, ella sabe muy bien que su pequeño volverá a las andadas en la primera ocasión; pero no importa: si vuelve a ganarla otra vez por el corazón, nunca será castigado...

Sepamos, pues, hacer prisionero a este Dios que se hace mendigo de nuestro amor. Al decirnos que un solo cabello puede obrar este prodigio, nos está mostrando que los más pequeños actos, hechos por amor, cautivan su corazón... Si hubiera que hacer grandes cosas, ¡cuán dignos de lástima seríamos...! ¡Pero qué dichosas somos, ya que Jesús se deja prendar por las más pequeñas...!» (Carta 191)  

Invocaciones

«¡Jesús, purifica mi alma para que se haga digna de ser tu esposa!

¡Jesús, concédeme la gracia de realizar todos mis actos sólo por complacerte a ti!

¡Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo!

Jesús, enséñame a renunciar siempre a mí misma para agradar a mis hermanas.

Dios mío, creo en ti, espero en ti, y te amo con todo el corazón.

Mi Jesús amado, tú eres ya todo mío y yo soy ya para siempre tu humilde esposa.» (Oración 5)

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